Bioshock Infinite

                                                                Review por Lunatika

Hay pocos creativos como Ken Levine. Y por eso hay pocas empresas como Irrational Games, de aquellas capaces de inspirar una confianza tal en los videojugadores y en los medios que desde el anuncio de sus títulos sabremos que serán obras de calidad. Bioshock Infinite no es la excepción.  Siendo la tercera entrega de la saga de FPS mejor valorada de la historia junto con Half Life, Bioshock esta vez nos eleva a los cielos. La claustrofóbica Rapture emerge para erigirse en las alturas pero con otro nombre: Columbia. Este lugar es donde se desarrollará una intensa historia de fantasía, que no sólo es el pretexto perfecto para desarrollar uno de los mejores juegos de la generación, sino que además establece nuevas bases de cómo se debe narrar en un videojuego.

Cuando se anunció Bioshock Infinite, el éxtasis y el hype eran incontrolables. La franquicia ya contaba con dos entregas, pero sólo la primera fue consagrada como uno de los mejores de shooters de la historia, y casualmente fue desarrollada por Irrational Games. La segunda fue una obra creada a manos de 2K Games con la supervisión de Ken Levine, y si bien no cosechó el éxito de la primera, era una experiencia muy grata para todo fanático. 

Pero sin duda fue Bioshock el que voló la cabeza de varios gamers en 2007, planteando un mundo imaginario pero creíble como lo fue Rapture.  Y ni hablar de Andrew Ryan, Atlas, Tenenbaum, las Little Sisters, todos ellos  personajes que en poco tiempo se convirtieron en memorables.  Luego de desarrollar un videojuego tan magnífico como este, era lógico esperar que Bioshock 2 no esté a su altura, sobre todo cuando se supo que no lo desarrollaría Levine.  Es por eso que esta segunda entrega no generó los intereses necesarios. Sin embargo, con Infinite las expectativas eran diferentes: Ken Levine había vuelto y todos esperábamos poder jugar una experiencia igual de grata y excelsa  como lo fue Bioshock.  En el día de hoy finalmente pude hacerlo, pude jugarlo. Descubrí que es un videojuego no sólo igual de imprescindible y significativo que el anterior, sino que también es toda una piedra angular en el universo de Bioshock y uno de los mejores de la generación.



Un Viaje impredecible

Comienza de manera muy similar, casi idéntica al primer juego. Aquí encarnaremos el papel de Booker Dewitt, un detective ahogado en deudas que se ve obligado a aceptar un encargue y cumplirlo, ya que de otra forma no podrá saldarlas. Entonces, nuestro héroe emprende una misión cuyo objetivo es uno solo en principio: buscar a una chica en la ciudad de Columbia y traerla hasta Nueva York sana y salva. Claro que pronto descubrirá que nada que lo que parece, ya que la presunta joven, llamada Elizabeth, no es una humana común y corriente. La ciudad celestial también está muy lejos de ser ordinaria. Columbia esconde secretos aterradores y desconcertantes como alguna vez escondió Rapture. 

Sin embargo, Infinite se diferencia de los otros títulos de la saga "Shock" (incluyo System Shock aquí también) de una forma muy particular. Para explicar esto no podemos dejar de mencionar a Zachary Hale Comstock, nuestro "villano" líder visionario de turno, que al igual que Andrew Ryan y SHODAN, tiene un temperamento e ideales muy marcados. Pero Aquí la diferencia radica en quién se centra la historia. Bioshock, Bioshock 2 y ambos System Shock eran videojuegos en los cuales tomábamos el papel de un protagonista silencioso, quien no tenía un trasfondo muy elaborado y no era más que un testigo (y víctima) de los actos realizados por el villano de turno. En esta nueva entrega, el enfoque cambia. Booker Dewitt es un protagonista que se hace notar, tiene opiniones propias y una personalidad muy marcada.  Y ni hablar de Elizabeth, esta chica a medida que avanza la historia irá tomando protagonismo hasta llegar a ocupar la escena en su totalidad. De esta forma podría decirse que el papel de Comstock queda opacado por el de la pareja.  Esto es medianamente cierto. Sin embargo, y sin dar spoilers, Bioshock Infinite tiene preparadas varias vueltas de tuerca y giros argumentales para el jugador, que al finalizar la embrollada aventura, es imposible sentir que siquiera un personaje estuvo de mero relleno.



Como estábamos acostumbrados, Irrational Games incorporó un montón de background político, de propaganda, ideológico y de costumbres, que hacen sentir a Columbia una ciudad tan viva y real como alguna vez lo fue Rapture.  Esto ayuda mucho al jugador a sentirse dentro de la historia, sobre todo si se conoce un poco de cronología estadounidense.  El juego está situado en la era de los descubrimientos norteamericanos y el auge de la industria; en la época de Ford y Edison. En este sentido, Bioshock Infinite funciona como un videojuego histórico también, ya que en él hay muchísimas referencias a la política y economía real de la época. Lo mismo pasaba con Bioshock, el cual estaba lleno de alusiones al funcionamiento del mercado en el capitalismo y estaba plagado de referencias al objetivismo.

Si hay algo en lo que Bioshock 2 superaba al original era en narración. Irrational Games aparentemente tomó las mejoras que había hecho en este aspecto 2K Games y las pulió al máximo. Así este juego cuenta una historia más sólida en la que sólo se echan de menos aquellas decisiones que afectaban el final del juego. Aún así, nos plantea distintas decisiones, que si bien no cambian el final, son mostradas de manera necesaria y tienen su implicancia en la historia de una forma que no imaginarás.

Creo que francamente uno de los puntos más fuertes de este título es la historia. Es tan intensa que ni bien termines el juego no será de extrañarse que vuelvas a tener ganas de jugarlo, viendo la historia de otra perspectiva, ya sabiendo el final.


¡La vuelta de los plásmidos!

En cuanto a la jugabilidad, presenta todos los elementos a los que nos tiene acostumbrados la saga, sobre todo en lo que se refiere a combatir y a enfrentar a los enemigos.  Una vez más el uso de las armas de fuego y de los poderes está equilibrado por igual. Esto siempre le dio a la saga un aire de novedad con respecto a otros shooters, ya que el asesinar a un enemigo no se limita al simple hecho de disparar. Bioshock siempre incorporó en sus combates elementos del género de estrategia a través del uso de los plásmidos como trampas . En esta nueva entrega, estos poderes vuelven con el nombre de vigores, y funcionan de la misma forma.  Sin embargo, la estrategia toma un rol más importante en Infinite por la incorporación de Elizabeth,  quien funciona como una compañera de batallas a la que echaremos de menos cuando esté ausente. Cooperando de manera correcta con la IA de Elizabeth, es mucho más fácil superar las batallas.

Nuestra compañera no dispara ni realiza acciones de violencia directa en el combate,  pero si interviene en el mismo. El principal rol que cumple es el suministrar a Booker de munición, cura, sales y otros items cuando le hagan falta. Y la verdad debo decir que el trabajo de la IA de Elizabeth es muy interesante y coherente.  En el momento en el que la barra de vida esté baja, o contemos con pocas sales, ella nos gritará y podremos pedírselo pulsando una tecla. También nos asistirá usando su capacidad de abrir desgarros, los cuales son una especie de portales a otras dimensiones. Desde ellos Elizabeth puede invocar un objeto, un aliado o crear un señuelo para distraer a los enemigos. Las opciones son muy variadas y dependen de la zona.



Fuera del combate, Elizabeth puede abrir puertas con ganzúas y descifrar códigos secretos, lo que nos servirá para desbloquear extras, obtener más dinero y completar algunas tareas secundarias. Sin duda la figura de Elizabeth representa a esos personajes controlados por la IA que se comportan de manera ideal. Va siempre a un paso adelante del jugador;  y jamás se entromete de manera torpe frente a nosotros  ni molesta.

Por otro lado, los componentes roleros no se hacen rogar y vuelven a estar presentes.  Podremos equipar a Booker con distintas mejoras pasivas, que al igual que en entregas anteriores, mejoran aspectos como nuestra precisión de disparo general, la regeneración de vida o nos otorgan distintas habilidades especiales.  A lo largo de todo el juego  recogeremos más o menos unas 20 de estas mejoras. Pero sólo dispondremos de cuatro slots para equiparlas, así que a pensárselo bien antes de hacerlo. También podremos extender nuestro indicador de escudo, vida y sales recogiendo unos elixires que están escondidos por todos los escenarios. 

En general en Infinite se optó por plantear una jugabilidad más directa al grano, que coopere con el fluir de la historia. Se han eliminado los minijuegos de hackeo, prácticamente no hay batallas contra jefes ni hay secuencias de acción tan intensas y frenéticas como las batallas con los Big Daddys y las Big Sisters en juegos anteriores. Acá todo se centra en contar una historia, y por ende renuncia un poco a los combates pesados y se busca más la exploración de los escenarios y en los diálogos entre Booker y Elizabeth.



Apartado técnico: gráficos y sonido

Desde el punto de vista visual, es un título que no tiene desperdicio. Es maravilloso de cualquier lado que se lo mire. Pero sin duda si hay algo que se destaca es la dirección artística. Hay muchísimos videojuegos que presentan gráficos hiper detallados y muy realistas, pero son contados con los dedos de la mano aquellos que enamoran al jugador con una buena estética que le dé identidad propia al título.  Columbia al igual que Rapture es una ciudad que esconde vida en cada rincón y esto es gracias a que se presta especial atención a darle el suficiente detalle a todas las zonas. Los escenarios interiores como exteriores son amplios y están llenos de pequeñeces que curiosear, ya sea para buscar objetos útiles, dinero o simplemente para explorar los detalles que contribuyen a darle al juego un background creíble.  Columbia es probablemente una de las ciudad virtuales más bellas que existen.

En cuanto al modelado de los personajes,  aquellos que ocupan un rol central en la historia están muy trabajados en cuanto a expresiones faciales y detalle de las caras. Pero Elizabeth es quien especialmente sobresale por encima del resto,  ya que cuenta con una cantidad superior de animaciones y expresiones.  De los NPC también puedo decir cosas positivas, ya que si bien no hay una gran variedad de modelados, presentan un tratamiento facial fantástico y sus animaciones son creíbles.



La versión que estoy analizando es la de PC, y en ella el rendimiento general del juego es muy fluido. La tasa de imágenes por segundo es bastante regular y sólo sufre mínimos bajones en las escenas más frenéticas. La carga poligonal está a la orden del día, y todas las texturas presentan una nitidez envidiable.  Y lo que es curioso es que si bien el juego luce de maravillas en calidad gráfica "Ultra", jugarlo en calidad media también permite apreciar la tremenda dirección de arte del título. Esto es algo muy importante, ya que no todos los gamers tienen una PC que llegue a los requisitos recomendados y sería una pena que no puedan apreciar uno de los apartados más sólidos y maravillosos del juego sólo por eso.

En cuanto al sonido, el juego presenta la misma calidad que en todo sus apartados. Las voces son de gran nivel y los actores escogidos han sido los correctos. En este título al igual que en el segundo Bioshock, el componente dramático es más importante, y contar con actores que puedan trasmitir bien los sentimientos en sus diálogos es más que necesario.  La banda sonora no se queda atrás y presenta piezas musicales memorables, que saben acompañar los momentos intensos de la aventura.



Otras consideraciones:

Bioshock Infinite es un videojuego que ronda cerca de las 12 horas de duración en su dificultad normal. En dificultades más altas supera las 15 horas. Yo recomendaría a los videojugadores fanáticos del FPS que lo empiecen directamente en difícil, ya que en normal se hace relativamente fácil. Personalmente siempre opto por jugar en normal los videojuegos y rejugarlo luego en dificultades más altas.

Considerando que cuenta con un sólo final, uno puede pensar que las ganas de rejugabilidad van a ser pocas luego de finalizada la campaña. Yo creo que esto no es así. Incluso si ya desde tu primera partida lo terminaste en difícil, el argumento del juego y su impactante final harán que tengas ganas de volver a experimentarlo desde otra perspectiva, ya conociendo esa conclusión.

También es interesante recalcar que es un videojuego bastante menos oscuro que los anteriores, y esto se nota aún más si se lo compara con el perturbador Bioshock 2. Aún así, plantea muchísimas escenas tensas.



Conclusión:

El primer Bioshock fue merecedor de críticas positivas y de varios premios básicamente porque para su tiempo planteaba algo único en el género FPS.  Infinite no se preocupa en plantear cosas nuevas, sino más bien, en retomar el legado de Bioshock y mejorarlo al máximo. El resultado es un videojuego maravilloso, fantástico e imaginativo como pocos, y no sería exagerado pensar que en futuras generaciones terminaremos recordándolo como un clásico memorable.

Es de esos títulos que sirven como recordatorio de que un videojuego puede ser más que una simple forma de entretenimiento, y que si los desarrolladores se esmeran lo suficiente, hasta pueden llegar a ser arte. Bioshock Infinite es el ejemplo ideal de cómo debería ser el estándar de FPS y de cómo se debe narrar en los videojuegos de acción. No es un videojuego perfecto, la perfección no existe. Sin embargo, creo que es digno de llevar la calificación más alta ¿Por qué? Porque es el mejor videojuego de su género en la actual generación, y muy probablemente El Videojuego del Año.


Nota Final:

10

Flawless Victory!

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